El poder de un documental

Ciutat Morta

Ciutat morta. O lo que es lo mismo, Ciudad muerta. Este el título del documental que este pasado mes de Enero hizo despertar a parte de la sociedad española e hizo recordar un caso que, durante años, había sido olvidado (si en algún momento habíamos tenido conocimiento de él). Un documental que ha hecho que la sociedad se replantee el papel de sus dirigentes, de la prensa y de las fuerzas que, entienden, deberían estar ahí para protegerles.

Pongámonos en contexto. 4 de Febrero del 2006, Barcelona. En un teatro okupado, hay una fiesta que la Guardia Urbana va a desalojar. En el desalojo, una carga policial acaba con presuntas palizas a algunas de las personas que allí se encontraban. Uno de ellos, Rodrigo Lanza, asegura en el documental: “Los únicos apalizados fuimos yo, Juan (Pintos) y Alex (Cisternas)”, los tres de origen latinoamericano. Una maceta cae desde un piso elevado del teatro y deja a un Guardia tetrapléjico. Los tres heridos, dos chilenos y un argentino, son llevados al Hospital donde, después de que les curaran las heridas, se los llevan detenidos. A ellos, que se encontraban a pie de calle y, por lo tanto, no pudieron lanzar el objeto, y a otras dos personas que, sin haber estado en el lugar de los hechos, tuvieron la mala suerte de encontrarse en la sala de espera del mismo hospital. Su estética hace que llamen la atención y son culpados de haber estado en el lugar de los hechos.

En una de estas personas, Patricia Heras, se centra en gran parte la película. Fragmentos de su diario, de sus publicaciones en el blog que ella misma tituló Poeta Muerta, y sus amigas, son parte de una película con una estética y un rigor intachables que destapa un caso que pone en duda el sistema de todo un país. Una de esas amigas de Patricia, Silvia Villuelas, fue despedida de su empleo al día siguiente de la emisión del documental por haber participado en él. Hasta ahí llegaron los efectos de la película.

Todos los detenidos son torturados y cumplen condenas de cárcel durante años. En un permiso de tercer grado, el 26 de Abril del 2011, Patricia Heras se suicida. Rodrigo Lanza, que cumplió 5 años y dos meses de prisión, recuerda a la que se convirtió en su compañera en esta pesadilla: “No creo que la cárcel la matara porque es una decisión personal. Pero las cosas serían distintas si no se hubiese visto envuelta en eso. Hay gente que es demasiado noble para vivir la mierda que vive. Hay gente tan pura que no lo aguanta”.

Y ella no lo aguantó. Y nadie en España habló de ello hasta que Xavier Artigas y Xapo Ortega decidieron llevar a cabo este documental que ninguna televisión quiso coproducir. Un documental que, pese a haber sido estrenado ya en el año 2013, en otro teatro okupado, a modo de homenaje a los que sin razón aparente se vieron envueltos en el caso, no fue emitido por una televisión pública hasta el 17 de Enero del 2015. Un documental que consiguió enganchar a 600.000 personas delante del televisor, más de un 20% de la audiencia, pese a haberse emitido en un momento y un canal que no lo hacían parecer especialmente relevante. Como pasara con The Thin Blue Line, de Errol Morris, se esperaba que Ciutat Morta hiciera reabrir el caso ya conocido como 4F. No lo hará, pues la Fiscalía no considera que la película sea una “prueba jurídica nueva”. Sin embargo, lo que sí que ha conseguido es abrir los ojos de gran parte de la sociedad, hacer conocido un caso de torturas, racismo y detenciones arbitrarias por parte de las fuerzas de seguridad españolas, y entrar en esa lista tan importante de documentales que harán cambiar las cosas. Porque Ciutat morta hará, ya ha hecho, cambiar las cosas. 

Vea el documental completo aquí: 

http://www.ccma.cat/tv3/alacarta/Sala-33/Ciutat-morta/video/5433631/

Artículo original: http://indienyc.com/el-poder-de-un-documental/